MI MEJOR REGALO DE CUMPLEAÑOS



Noviembre 2017


Antes de salir de viaje con Noemí, mi compañera de prácticas estuvimos orando por un mes todos los días desde las 8pm hasta las 9de la noche, porque sabíamos que estaríamos enfrentándonos a fortalezas espirituales, por ello clamábamos por la salvación de las personas de la comunidad , entendiendo que todo era obra solo del Señor y que sin su ayuda nada sería posible.

Desde el primer día Dios colocó en nuestros corazones la responsabilidad de usar el tiempo lo mejor que nos fuera posible.

Despertábamos antes de las 6 am, hacíamos nuestro devocional y luego ayudábamos a preparar el desayuno, y salíamos a la escuelita caminando junto con los hijos de Guima. Al llegar ayudábamos al maestro a reforzar la enseñanza y de paso aprovechábamos ensenándoles alabanzas y la palabra de Dios.

Cada día era una aventura, una vez nos dirigimos  a la escuela con Moi y Nampa, los hijos menores de Guima. En el camino se me apareció una serpiente. Cuando la vi, mi piel se erizó, e  instantáneamente retrocedí, pidiéndoles a los chicos que la maten. Moi agarró una ramita y la golpeó dócilmente como si estuviera jugando y la llevó a la escuela. Al llegar a clases la serpiente ya estaba muerta. El profesor la vio, dejó que la pusieran en el piso y continuó enseñando. Luego los niños comenzaron a jugar con la culebra, arrojándose unos a otros. Guimo, uno de los estudiantes agarró la víbora muerta y con sus dientes le reventó la cabeza. Yo, sorprendida, le dije a Nampa lo que hizo Guimo, entonces Nampa sonrió y con la espalda erguida, denotando orgullo, agarró la serpiente de la cabeza y la masticó. Al menos me aquieté sabiendo que la serpiente no era venenosa. 

En las noches, les hacíamos ver películas o hacíamos estudio de la palabra de Dios, después de eso los Waoranis salían de cacería y pesca. No importa si llovía a cántaros, continúaban con su trabajo hasta haber logrado su objetivo que es traer comida a la mesa.



En épocas lluviosas, la luz de la luna y de las estrellas se esconde y no les acompaña; pero si el sentido de la vista les falta, está atento el sentido del oído. No tienen miedo  de los tigres, que aparecen de vez en cuando, ni de las serpientes.  Saben reconocer cualquier clase de animal peligroso que se los presente y son increíblemente veloces para matarlos. 

En los viajes que hicimos a canoa, la mayoría de veces llevaban su lanza y carabina, la lanza es utilizada como arpón para matar a los peces ocultos en las peñas y la carabina para cazar aves y otros animales comestibles.

Mientras viajábamos en canoa, su fino oído les permitía escuchar la presencia de un animal; lo reconocían e inmediatamente, se quedaban en silencio absoluto, se botaban al río, nadaban y salían a la orilla y en pocos minutos se escuchaba el ruido del disparo, de modo que  en instantes aparecían con el animal ya muerto.  


Antes de mediados del mes soñé que estaba sangrando y me estaba muriendo, y que después mis compañeros de misiones se burlaban de mi. Hasta que llegó el medio mes y estuvimos preparando barbasco que es un fuerte veneno que usan para matar a los pescados y luego comerlos, luego fuimos de pesca, en la mitad del camino me sentía debil, pero intentaba disimular y hacerme la fuerte. En la noche comimos el pescado envenenado y la madrugada como a las dos de la mañana me sentía muy mal, mi compañera tuvo que llamar a las personas de la comunidad porque yo estaba muy amarrilla, todos se despertaron, Daeme uno de los jóvenes waoranis, salió en busca de gasolina y al llegar me cargó, acomodaron la canoa para que me acostara y a mitad del camino se acabó la gasolina, así que tuvieron que cargarme en canoa, al llegar no había carro para llevarnos al hospital. Al sentir que me estaba muriendo, le dije a mi compañera que le diera unas palabras a mis padres, ella se puso a llorar. Diana la esposa de Daeme me vio amarilla y pese a que le enseñé sobre la brujería, ella me miró a los ojos me dijo ¨Mi bebé murió así, no hay tiempo debemos ir a un shamán, el es bueno Priscila¨, con pocas fuerzas para hablar le dije que no, en ese momento mi cuerpo pálido y helado retomó su color y su temperatura normal, luego apareció un carro que nos llevó a un centro de salud. Al llegar no tenía idea de que decirle al doctor, no sabía como explicarle que ocurrió un milagro y que me siento bien.

Luego fuimos a una comunidad Shuar donde estaban mis compañeros de misiones, puesto que quedaba cerca del hospital, y mis amigos al verme tan bien, no creían que Dios había hecho un milagro y que me había sanado. Al siguiente día el Espíritu Santo me dio denuedo para predicar a otra tribu denominada Shuar que era el lugar donde estaban trabajando mis compañeros, y les enseñé entonces como Dios me sanó, muchos estaban atónitos pues algunos me habían visto en la canoa acostada y ahora estaba como si nada hablando de lo más normal, aproveché para enseñarles que la brujería trae muerte pero que Jesús trae Salvación y sanidad.

Casi al finalizar el mes nadie, sabía que cumpliría 30 años, sin embargo yo sentí que Dios había hecho algo muy especial ese día, puesto que celebramos la graduación de estudios bíblicos con los niños y hubo bautizos. Mis compañeros de misiones que trabajaban en la tribu Shuar viajaron en canoa para visitarnos y bautizarlos. Casi toda la comunidad a excepcion de unos pocos fueron bautizados en las aguas. Fue un día de mucho gozo y sentí que habíamos tenido una gran victoria por esta cosecha de almas, y aunque nadie sabía que ese 24 de noviembre era mi cumpleaños, creo que fue el mejor regalo de cumpleaños que habría recibido en mi vida. Ver las almas ser trasladadas de la muerte a la vida eterna, es una satisfacción simplemente inesplicable.

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