EL SALVAJE MUNDO DE LA ABUELA YERO
Noviembre 2017
Días antes de ir a mi práctica de misiones, consciente de que me tocaba partir a una comunidad Waorani, había considerado llevar un libro que me dieron hace dos años. El libro habla sobre las experiencias de un Waorani llamado Moi y su cosmovisión, pero entre tantas cosas que cargaba, pensé que no serviría de nada llevarlo, porque quizá la gente con la que estaríamos no conocería a las personas que se encontraban en las fotos de este libro.
Quien iba a pensar que llegaría al hogar donde vive la familia de Moi. Y pasaría tiempo con su madre de nombre Yero, aprendiendo más sobre la cultura de los Waoranis. De modo que al llegar a la comunidad la abuela nos miraba asombrada, a Noemí, mi compañera de prácticas y a mí, luego hablaba con sus nietos palabras en Wao Terero, señalándonos a nosotras, me entró la curiosidad por conocer lo que decían, y le pedí a Nampa uno de sus nietos que me traduzca lo que estaba hablando.
Nampa decía que justo el día que llegamos, la abuela soñó que venía Raquel Saint, hermana de Nate Saint, uno de los misioneros que murieron a punta de lanza en su afán de evangelizar a esta tribu que jamás había escuchado de Cristo. A través de Raquel Saint fue como Yero conoció a Jesús y pudo ser civilizada.
Yero estaba contenta de que hayamos llegado para compartir el evangelio, porque desde hace mucho tiempo que no ha habido alguien que le continúe enseñando la Palabra de Dios. Cuando nadie quería traducirle, aunque no entendía nuestro idioma trataba en lo posible de atendernos y mientras cantábamos en español, ella movía sus labios e intentaba cantar con nosotros. Me di cuenta de que la forma en podíamos enseñarle era haciéndole pintar con los niños. Y aunque Yero no podía leer la Biblia, su rostro irradiaba de la Presencia de Dios, creo que nunca he conocido a una anciana tan alegre como ella. Esa paz parecía denotar un profundo agradecimiento a Dios por haberla sacado de un ambiente lleno de terror y muerte.
Uno de los hijos de Yero tuvo una caída que le afectó a su sistema nervioso, los doctores le dijeron a la abuela que él va a quedar con déficit mental de por vida. Pero su hermano mayor viendo estaría enfermo, decidió enterrarlo vivo, junto con su padre que había muerto en honor a la cultura y a las practicas ancestrales. Gracias a Dios Yero luchó hasta impedírselo.
La abuela Yero todas las mañanas sale con sus pies descalzos a trabajar en el campo. No tiene miedo, ni de las serpientes que siempre están escondidas entre el monte, ni de las gigantescas anacondas que rara vez se aparecen.
Es difícil aburrirse con la abuela. Siempre que sale a cosechar entona con mucho sentimiento una canción dedicada a la yuca.
Un día le encontré trayendo un costal grande de mandiocas, yo me compadecí de la pobre anciana y quise ayudarle a cargar, pero que humillada me sentí cuando me entregó el bolso y casi me desbarato. ¡Estaba realmente pesado! Eso es lo que ella trae cada día de lejos. Yo les dije a sus nietos que la abuela es muy fuerte, ellos me contaban que una vez salió sola de cacería con sus pies descalzos y trajo a un chanco sajino.
La abuela nunca parece estar cansada, cuando llega a casa, toma siempre una colada masticada de yuca cocinada e inmediatamente se acomoda en su hamaca y se pone a tejer con hojas de chambira.
Una vez me quedé compartiendo el evangelio con sus nietos hasta altas horas de la noche, y la abuela aunque no nos entendía quería seguir con nosotros. Yo preocupada dije que debemos de ir a dormir para que la abuela se acueste, pero ellos me contaron que la abuela no duerme, ella está acostumbrada a velar en las noches, porque así es como vivía en el pasado, no dormían por el temor de que vengan personas desconocidas a matarles.



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